

Aunque suene paradójico, es un tremendo placer que, habiendo uno postulado los dos tipos esenciales de cómics sobre la pandemia (de primera ola: inmediatos, cronistas, y de segunda: reflexivos e híbridos) llegue alguien y le dé una patada a mis estructuras teóricas con un jugosísimo culebrón. En realidad no es que Dog Biscuits vaya sobre la pandemia. Pero fue dibujado durante la misma y en toda la obra aparece como algo más que un telón de fondo; acaso como algo que se ha superpuesto a otras tantas cosas que ya estaban allí y que ha trastocado y afectado de formas inesperadas las vidas de todos.
Dog Biscuits se antoja un poco como un gigantesco oxymoron. Su base es un culebrón con un triángulo amoroso intergeneracional e interclase que a ratos se antoja vodevil, a ratos película porno, a ratos sátira antisistema…