

Si ha habido un autor ruso interesante y rompedor en la última mitad del pasado siglo, ese fue el inclasificable Serguéi Dovlátov (1941-1990). Murió con tan solo 48 años tras una existencia conflictiva y agitada, entre amores tempestuosos, alcohol, trabajos de todo tipo (fogonero, tallista de piedra, empleado de piscifactoría…); y el exilio a los Estados Unidos en 1978 tras haber sido más de una vez vapuleado por el aparato de poder de una Unión Soviética a la que no le gustaba que el irreverente autor sacara a la luz la tramoya y la caricatura de tantos absurdos…