

En estos tiempos en que casi nadie se atreve a desafiar a lo políticamente correcto es un placer encontrarse con obras tan bestias, surrealistas, divertidas, marginales, e incluso tiernas, como El mal camino (Fulgencio Pimentel), la nueva e irreverente obra de la saga de la bruja Megg y el gato Mogg (Hechizo total, Oldies, Bahía de San Buho, Melancolía…), del dibujante underground Simon Hanselmann (Tasmania, 1982).
Uno de los cómics más frescos de la actualidad y de los pocos que recuperan ese espíritu subversivo del underground de los años 60 y 70, cuando podía pasar cualquier cosa en las páginas de un cómic. Cuando los dibujantes cuestionaban la sociedad a través de personajes que estaban fuera de ella (que es lo que pasa en esta historia).
Un cómic que el propio autor define como una mezcla entre Todd Solondz, Peter Bagge y Los Simpson. Y en el que, a pesar de que prima la comedia, tampoco faltan episodios depresivos…