cuartel de los dragones

Cuartel de los dragones

Cuartel de los dragones

Gustav René Hocke enumera los rasgos que definen la naturaleza del manierista; el autor de «Cuartel de los dragones» los reúne todos: el componente femenino, lo antinatural, lo artificial, la labilidad nerviosa, un acentuado individualismo, la escisión interna (el choque entre lo contemplativo y lo sexual), la inclinación por lo deforme, la rebelión permanente, la melancolía, el egotismo, el dandismo (que en Nego se expresa con una nostálgica evocación de la «haute couture»), el erotismo invertido, el subjetivismo, el gusto por el travestismo y la androginia.

—ION VARTIC

En las andanzas del estudiante Negoițescu tienen cabida no solo el descubrimiento de la sexualidad, sino también el de la historia, el patinazo político y la transformación del joven educado en un ambiente intelectual tolerante y occidental en un fanático legionario.

—IOANA PÂRVULESCU

Es preciso advertir al lector: se halla aquí ante unas memorias incompletas que solo abarcan las dos primeras décadas de vida de su autor. Se enfrenta a un dietario minucioso, impaciente, sin depurar, tiránicamente prolijo cuando se trata de inventariar referentes literarios, tías abuelas y residencias familiares, pero también a la hora de relatar los hitos de su temprano despertar sexual—acompañado de sucesivas nannies soldado y compañeros/as de juegos—, su llegada al cenáculo literario rumano y su afiliación juvenil a un incipiente nacionalismo de corte fascista que, originado en buena parte por la cambiante configuración del país, acabaría devastándolo. «Niño perverso» y «adolescente problemático», Negoițescu se dio a conocer como poeta e ideólogo literario de la generación de 1940 en el llamado «Círculo de Sibiu». Fue también uno de los pocos intelectuales del siglo rumano que vivió abiertamente su homosexualidad, algo de lo que este libro es testimonio elocuente. Junto al asombroso descubrimiento de la Rumanía y la Transilvania de entreguerras, el libro nos permite presenciar el ascenso de algunas de las corrientes que cambiaron la faz del continente, erigiéndose como un testimonio insólito e inigualable, «mezcla de magia, ingenuidad, gozo, humor, épica y mitología que convierte las escenas más descarnadas en pura literatura».

Mayo de 2018
Traducción de Doina Fagadaru y Alfonso Martínez Galilea
Cartoné con sobrecubierta en acetato serigrafiado
14.3 x 20 cm. 336 págs.
978-84-16167-76-0
22.90 €

Ion Negoițescu

Ion Negoițescu

El crítico literario, poeta y prosista Ion Negoițescu, hijo del abogado Ioan Negoițescu y de Lucretia Coțutiu, nace el 10 de agosto de 1921 en Cluj. Se gradúa en la escuela secundaria Constantin Angelescu de esa misma ciudad en 1940. Alentado por Lucian Blaga, estudia consecutivamente en las facultades de Letras y Filosofía de Cluj y de Sibiu, licenciándose en el año 1946.

Debuta como poeta en 1937 gracias a Horia Stanca, que publica sus versos en la página cultural del periódico de Cluj Naţiunea Română. En 1941 edita La triste historia de Ramon Ocg, pequeña novela surrealista en la que se puede entrever ya ese estilo metafórico, fastuoso y seráfico que será rasgo esencial de su futura obra crítica (en particular de sus estudios sobre Eminescu). También en 1941, visita en Bucarest a Eugen Lovinescu, por quien siempre sentirá una apasionada devoción. Colabora en 1941 con Curțile Dorului [Jardines de la Añoranza], revista literaria de los estudiantes de Sibiu, en la que pronto entra a formar parte del comité de redacción, junto a Radu Stanca. A sugerencia del propio Stanca escribe y firma, bajo el seudónimo «Damian Silvestru», el Manifiesto del Círculo Literario de Sibiu, dedicado a Lovinescu y publicado en Viața [La Vida] el 13 de mayo de 1943. En él se fijan ya los estatutos del programa que Negoițescu denominará «la autonomía de la estética». Entre enero y agosto de 1945 es redactor jefe de la Revista del Círculo Literario de Sibiu, «mensual de literatura, filosofía y arte», en la que colaboran, además de Lucian Blaga, todos los miembros del grupo: Radu Stanca, Ștefan Augustin Doinaș, Cornel Regman, Nicolae Balotă, Ion D. Sîrbu, Ioanichie Olteanu, Ovidiu Cotruș, Henry Jacquier, Radu Enescu, Wolf von Aichelburg, Victor Iancu y Eugen Todoran, entre otros.

Tras el restablecimiento de la universidad en su antigua sede, intenta en 1946 lanzar allí la revista Euphorion, «cuaderno de crítica y poesía editado por el Círculo Literario», que toma el nombre del fantasmal hijo de Fausto y Elena de Troya, y que personifica, en la visión de Goethe, «el alma del poeta». En 1947 recibe el «Premio de los escritores jóvenes» de la editorial Fundaciones Reales por la obra Poetas rumanos (que incluía la Teoría de la poesía y una Antología de la lírica rumana, ambas en manuscrito, que por el momento continúan desaparecidas en las cuevas de la Securitate).

Entre 1948 y 1952 es bibliotecario en el Instituto Médico Farmacéutico y en la filial de Cluj de la Academia. En 1956 reaparece como periodista literario, pero en 1958 es acusado de esteticismo y «desenmascarado» en el periódico Scânteia [La Chispa] por su «tentativa de socavar las bases de la literatura socialista». Detenido en 1961, pasa sus cuatro años de condena en el centro penitenciario de Jilava.

Puesto en libertad en el año 1964, trabaja como redactor en la revista Luceafărul [El Lucero] entre 1965 y 1967, y en Viața Românească [La Vida Rumana] entre 1968 y 1971. Vuelve al «realismo crítico» con el volumen Escritores modernos (1966).

En 1968, publica La poesía de Eminescu (texto escrito en 1953 desde la perspectiva de la «crítica de las profundidades», y que en su momento será tenido por «elemento probatorio» de sus delitos en su proceso político). Sus libros de crítica, especialmente Însemnări critice [Apuntes críticos, 1976], Engramas (1975) y Analize și sinteze [Análisis y síntesis, 1975], representan, de hecho, fragmentos del proyecto Historia de la literatura rumana, cuyo plan, concebido en los años de prisión, había sido anunciado en la revista Familia (n.º 2, 1968). Publica prosa decadente, con personajes crepusculares, en Los poemas de Balduin de Tyaormin (1969) y, en la misma época, versos de factura lacónica y distorsionada, hermética y estetizante (Sabasios, 1968; Muerte de un contable, 1971), así como diversas traducciones.

En 1971 se prohibe la difusión de su volumen de crítica La lámpara de Aladino, episodio que se prolonga con la quema del libro. Harto y desesperado por las continuas quejas del vicepresidente del Consejo de Cultura del comité central del Partido Comunista Rumano, Ion Dodu Bălan, de la censura y de la Securitate, y en señal de protesta, intenta suicidarse el 23 de agosto de 1974. Tal como declara en una entrevista de la revista Apostrof, aquella fue su segunda tentativa de suicidio (la primera fue en Malmaison, en 1961, cuando quiso hacer una mala jugada a sus torturadores y arrebatarles el objeto de su «sádico» placer).

Siguen duros meses de rehabilitación y convalecencia. El 3 de marzo de 1977 dirige una carta de adhesión a Paul Goma, texto transmitido luego por la radio Europa Libre. Es detenido e interrogado en la sede de la Securitate de Calea Rahovei pero, gracias a las rápidas protestas de un grupo de escritores de prestigio, encabezados por Ștefan Augustin Doinaș, es puesto en libertad tres días después. Durante el interrogatorio, el general N. Pleșiță lo somete a un tratamiento humillante, que el escritor evoca traumatizado: «Ah, señor Negoițescu, hace tiempo que quería conocerlo y charlar con usted sobre literatura... ¡Siéntese! ¿Fuma? Sí, tome un cigarro, por favor...». Cuando el crítico, agotado después de una noche de interrogatorio, se sienta y enciende, temblando, el cigarrillo, el militar troglodita, cambiando bruscamente su tono jovial por uno vejatorio, empieza a gritar: «¡Levántate, cerdo! ¿Cómo tienes la desfachatez de sentarte delante de mí? ¡Apaga ese cigarro!». Etc.

Ese mismo año intenta por tercera vez suicidarse. Como consecuencia de este gesto extremo, el volumen de poesía y aforismos Vida particular (1977) y Una novela epistolar (que apareció en 1978 y contenía su correspondencia, ampliamente expurgada, con Radu Stanca) reciben el visto bueno de la censura. En 1979 participa en los festejos del aniversario de la revista Equinoccio, a cuyos redactores considera continuadores, en gran parte, del trabajo de los literatos del Círculo.

En 1980 viaja a Alemania con una beca de investigación destinada a la elaboración de un estudio sobre la obra de Dostoyevski (el bosquejo de ese libro nunca escrito se encuentra en la revista Siglo XX, n.º 7-8-9, 1980). Deja en el país una extraordinaria biblioteca con libros raros; será su segunda biblioteca perdida, después de la desaparecida tras su última detención. (Le pregunté una vez, sin mucho interés, qué libros se llevaría si tuviera que retirarse a una isla desierta. Para sorpresa mía, se lo tomó en serio y me contestó inmediatamente: «La Biblia, los trágicos griegos, los historiadores romanos, Mallarmé y la Enciclopedia Británica»).

Vive en Colonia e imparte un curso sobre literatura rumana en la Universidad de Münster (1982-1983). Fija su residencia en Múnich, donde rehace con voluptuosidad su biblioteca personal. Amplía continuamente su Historia de la literatura rumana y coordina El cuaderno de literatura de la revista Diálogo, donde colaboran escritores rumanos del exilio. Durante los acontecimientos de diciembre de 1989 dirige a través de Europa Libre una patética llamada a los rumanos del país. Como la situación de Rumanía después de diciembre del 89 le decepciona profundamente y no quiere perder su condición de refugiado político en Alemania, vuelve a Bucarest en 1990, en una fugaz visita de solo dos días. Participa, sin embargo, con textos y entrevistas en casi todas las revistas culturales del país. Aparecen: Sabasios (versos, antología del autor, 1991), Con conocimiento de causa (textos políticos, 1990) y, por fin, el primer tomo de la Historia de la literatura rumana (1991), que no es «una historia de la estética o un tratado de puro análisis histórico, sino una historia axiológico-analítica» en la que encuentra expresión la visión «euforionista» del Círculo Literario de Sibiu.

En los primeros días del año 1993 ingresa en una clínica, iniciando un proceso que intuye concluirá con su muerte asistida. Espíritu eternamente rebelde, muy infantil, excesiva- mente endiablado, lleno de timidez adolescente y de geniales ocurrencias, incansable, ansioso e ingenuo, de una espiritualidad exuberante, pero también impúdico y exhibicionista, enfrenta su muerte con sobriedad, rodeándola de pudor y discreción. Los amigos solo se enteran de su agonía en los últimos momentos. Se extingue el día 6 de febrero de 1993. Una urna con sus restos es depositada el día 18 de junio de 1993 en la tumba de sus padres, en el cementerio de Cluj, «firmemente anclado en el corazón de la urbe».

[Extraído del epílogo de Ion Vartic para Cuartel de los dragones]

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