Víctor Coyote
Víctor Coyote

Víctor Coyote (Tui, 1958), también conocido como Víctor Aparicio y Víctor Abundancia, es músico, diseñador gráfico, pintor, autor de cómic, ilustrador, escritor, realizador de documentales y videoclips y, ocasionalmente, actor. Su carrera artística, ecléctica pero siempre con la música como eje central, comienza hacia 1979 con la la fundación de Los Coyotes. La banda practicaba un psychobilly que derivaría hacia ritmos y arreglos latinos en su primer LP, Mujer y sentimiento (DRO, 1985), convirtiéndolos en los introductores de estos sonidos en España –que después otros grupos explotarían obteniendo mayores réditos– y otorgándoles un lugar destacado en la Movida madrileña. Los Coyotes continuaron evolucionando y tiñendo sus melodías con otros estilos (funk, música electrónica) en Las calientes noches del barrio (DRO, 1987), De color de rosa (DRO, 1988), Puro semental (DRO, 1989) y Tocando sus éxitos (DRO, 1991), tras el cual Víctor Coyote abandonaría durante un tiempo la música para centrarse en otras facetas artísticas relacionadas con las artes gráficas y cinematográficas. 

En el ámbito del cómic ya había participado entre 1984 y 1987 en diversos números de la revista Madriz, y posteriormente colaboró en las publicaciones colectivas Acordes y viñetas (Casset, 1991), El ojo clínico (Luca Editorial, 1996), Mr. Brain presenta… nº 5 (Camaleón, 1997) y La historia del blues (Under Cómic, 2000), además de publicar la monografía Come yuca (Camaleón, 1998). Más recientemente, incluyó una historia en el especial del suplemento Magazine del periódico El Mundo titulado El 23-F como nunca se lo han contado (Unedisa, 2011), un número sobre el frustrado golpe de estado. En 1995 Víctor Coyote regresaría, ahora ya en solitario, al estudio de grabación. El resultado fue Lo bueno, dentro (DRO, 1995), que incluía el tema “Jaguarundi”, sintonía de la Vuelta Ciclista a España ese mismo año. A este LP le seguirían Lucha de migajas (Boa, 1999), ¿A qué viene ahora silbar? (Munster, 2004), Dos años luz y cuarto (Eureka, 2011) y De río y de pueblo (Eureka, 2014).

En su faceta de actor ha participado en películas como ¡Átame! (Pedro Almodóvar, 1989), Justino, un asesino de la tercer edad (La Cuadrilla, 1994), Matías, juez de línea (La Cuadrilla, 1996) o Atilano, presidente (La Cuadrilla, 1998), y además ha sido director de los documentales Traballadores de contrabando (2007), Só concertinas (2007) y Afranio (2008), y de videoclips entre los que destaca el que realizó para la canción de Los Rodríguez “La milonga del marinero y el capitán”. Víctor Coyote también ha practicado la literatura: Cruce de perras y otros relatos de los 80 (Visual Books, 2006) es un libro de cuentos que entremezcla ficción y vivencias personales y por el que desfilan como personajes muchos músicos de aquella década, desde el propio autor hasta Alaska, Poch o Santiago Auserón, entre otros.

La incontinencia multidisciplinar de Víctor Coyote no termina aquí, ya que en los últimos años ha potenciado y desarrollado su faceta de diseñador gráfico realizando carteles para sus conciertos que produce en ediciones limitadas y que han sido objeto de diversas exposiciones. Es el creador de Ruido Bajito, sello que otorga a sus producciones escénicas y que hasta el momento ha presentado tres espectáculos de diferentes formatos y duraciones, “Ruido bajito (versión original)”, “Ukelele, la pulga que salta” y “Foto Vieitez, Soutelo”. En la actualidad, es también responsable del programa “La lógica de los ópticos”, en Nanosónico Radio.

A lo largo de los años el Coyote ha cultivado la relación con el mundo infantil a través de sus colaboraciones con el programa de la televisión gallega Xabarín Club, para el cual ha compuesto varias canciones, como las conocidas “Pode ser” o “Non todo é o que parece”. Ilustró el cuento infantil La fantástica niña pequeña y la cigüeña pedigüeña (Destino, 2007), escrito por Lucía Etxebarría, y ahora, con Tío Budo, firma su primer libro infantil ilustrado como autor completo, conjugando en un mismo espacio su talento gráfico y literario, su imaginación desbordante, su sentido del humor y su gusto por actualizar lo clásico.