Gérard Lauzier
Gérard Lauzier

No leo cómics porque me aburren. Me sorprende tanta pobreza y la depauperación profunda del cómic para adultos. Me cuesta muchísimo dar con una historia en la que no se tome al lector por gilipollas.

–GÉRARD LAUZIER

Gérard Lauzier (Marsella, 1932-París, 2008) fue uno de los autores más mordaces y políticamente incorrectos del cómic europeo durante el último cuarto del siglo XX. Licenciado en filosofía, abandonó sus estudios de arquitectura en el último año, cuando unas vacaciones en Brasil se convirtieron en una estancia de cinco años. Tras desempeñar diversas ocupaciones –recogida de papel usado, profesor de latín, oficinista, creativo publicitario– y animado por Georges Arnaud, autor de El salario del miedo, acabó dedicándose primero al humorismo gráfico en prensa (France Soir, Lui, Paris-Match, Le Nouveau Candide) y después al cómic, principalmente en la prestigiosa cabecera Pilote. En aquella revista fue donde, a partir de 1974, desarrolló su serie más conocida, “Las cosas de la vida”, un conjunto de historias cortas que conforman, siempre desde el humor, una radiografía de la sociedad francesa de la época con el acento puesto en la lucha de clases, la guerra de sexos, el inmovilismo de la burguesía, la vacuidad utópica de la izquierda, el desnortamiento de la juventud y la crisis de la edad madura. Lauzier critica la hipocresía allá donde sea que se encuentre, sin atender a razones de credo, sexo o extracción social, y en su descreimiento del género humano, su afán provocador y su impasibilidad ante la crítica demuestra la clara influencia de Louis-Ferdinand Céline y Bertrand de Jouvenel.

En 1978 recibió en el Festival de Angoulême el Premio al Mejor Autor Francés, y el mismo festival lo galardonó en 1993 con el Gran Premio de Angoulême, uno de los máximos galardones a los que puede aspirar un autor de cómic. En su producción también destacan Lili Fatale (1974), Crónicas de la Isla Grande (1977), La carrera de la rata (1978), Querer no es poder (1980), Recuerdos de un joven (1983) y Diario del artista (1992).

Desde mediados de los años ochenta, aunque realizó un par de incursiones relevantes en el mundo del cómic, se dedicó casi enteramente al teatro y sobre todo al cine en funciones tanto de guionista como de director, en ocasiones adaptando algunos de sus cómics. Su película más conocida fue Mi padre, mi héroe (1991), protagonizada por Gérard Depardieu.

El ídolo